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La rodilla es una articulación tipo bisagra, es decir,  se trata de una articulación con movimientos unidereccionales que alcanzan un rango de movimiento desde 0º hasta 140º.

Las estructuras estabilizadoras articulares por excelencia son los ligamentos. Los ligamentos están compuestos principalmente por una sustancia proteica que es el colágeno.

Las fibras de colágeno tiene una alta capacidad de elasticidad y resistencia que aportan a la articulación una movilidad simétrica, evitando así que existan un rango mayor de movimiento.

Los ligamentos principales de la rodilla son:

  • Ligamento colateral medial o ligamento lateral interno (LLI)
  • Ligamento colateral lateral o ligamento lateral externo (LLE)
  • Ligamento cruzado anterior (LCA)
  • Ligamento cruzado posterior (LCP)
  • Ligamento femoro-patelar medial (LFPM)

Cuando se produce una lesión de los ligamentos de la rodilla se produce una inestabilidad articular. La inestabilidad de rodilla puede diferenciarse principalmente como:

  • Inestabilidad aguda. Habitualmente no tiene más de 8-12 semanas de evolución. Está provocada por un traumatismo o torsión que provoca una lesión ligamentosa, habitualmente una rotura parcial o completa del ligamento. en este apartado incluiríamos los esguinces de rodilla, que son nada más y nada menos que distensiones agudas de los ligamentos.
  • Inestabilidad crónica. Generalmente tiene entre 3 meses y años de evolución. Está provocada por una lesión aguda antigua mal cicatrizada, o por un déficit estructural como puede ser una perdida de menisco o cartílago articular.

 

Las causas de la inestabilidad crónica pueden ser de diferente origen. Los más habituales que encontramos son:

  • Meniscectomía parcial o total. Son aquellos casos en los que hace años se realizó una cirugía de recorte del menisco y tras la reducción del amortiguador natural de la rodilla (el menisco) se produce una disminución del espacio articular lo que provoca una insuficiente tensión del ligamento colateral.
  • Artrosis. Cuando existe una degeneración articular o artrosis de rodilla, el espacio intrarticular disminuye por el desgaste del cartílago y los meniscos, provocando igualmente una insuficiente tensión del ligamento colateral.
  • Traumatismo antiguo en el que se lesionaron los ligamentos, produciendo una distensión y cicatrizando más elongados. En el momento del traumatismo agudo no hubo dolor ni sensación de inestabilidad, pero con el paso del tiempo esa inestabilidad se transforma en dolor crónico insidioso.
  • Luxación o subluxación rotuliana. Cuando existe un episodio de luxación o subluxación rotuliana el ligamento que contiene la rótula centrada y estable se lesiona. Este ligamento es el ligamento femoro-patelar medial, en ocasiones queda elongado o roto parcialmente favoreciendo los nuevos episodios de luxación u subluxación.

 

La sintomatología habitual en la inestabilidad crónica de rodilla son:

  • Dolor de comienzo insidioso sin antecedente traumático ni mal gesto.
  • Sobrecarga articular tras la realización de una actividad física exigente.
  • Inflamación tras actividad física intesa.
  • En los casos más avanzados, sensación de fallo o inseguridad articular.

El dolor crónico de rodilla puede esconder una inestabilidad crónica ligamentosa de base.

Una inestabilidad crónica de rodilla puede conllevar a un mayor movimiento y golpeo anormal de la articulación de la rodilla, provocando daños en el cartílago, meniscos y resto de la articulación desencadenando una artrosis incipiente.

La inestabilidad crónica de rodilla está presente en el 90% de los casos de artrosis de rodilla.

El ejemplo más fácil de inestabilidad crónica de es aquel coche en el que la rueda se encuentra sin atornillar completamente. Esta rueda va a traquetear más de lo establecido provocando un deterioro y desgaste del caucho de la rueda (nuestro cartílago) y deteriorando los amortiguadores (nuestros meniscos) provocando que necesitemos realizar un cambio de rueda de forma más temprana (la colocación de una prótesis articular).

 

 

En muchas ocasiones la inestabilidad crónica de rodilla es obviado por muchos profesionales siendo la causa principal y desencadenante de otros problemas articulares.

Es importante un correcto diagnóstico mediante exploración física, y pruebas complementarias si fuera necesario, por un traumatólogo especializado en ello.

El tratamiento para la estabilización articular consiste en la retracción de los ligamentos dañados mediante la PROLOTERAPIA.

La proloterapia actúa mediante la inyección de una sustancia proliferante llamada dextrosa en el ligamento y en las uniones al hueso o entesis. Esta sustancia inyectada provoca una inflamación localizada y activa la llamada cascada de la inflamación atrayendo células regeneradoras de tejido y generando colágeno en las estructuras dañadas.

Es un procedimiento que se realiza en sesiones de ente 3 a 6 sesiones, mediante anestesia local, en diversos puntos y recorridos de los ligamentos dañados. Se trata de un tratamiento mínimamente invasivo y de forma ambulatoria.

El tratamiento siempre debe hacerse conjunto de toda la articulación, realizando una valoración previa de las lesiones ligamentosas y de otras estructuras como meniscos, cartílago o hueso.

En primer lugar se debe valorar la estabilidad articular, y establecer las lesiones existentes: artrosis o lesión osteocondral; lesión ligamentosa ; y/o lesión meniscal.

Tras el diagnóstico de las lesiones se procede a establecer un tratamiento conservador a través de la medicina regenerativa.

En una artiuclación inestable y con artrosis o lesión osteocondral (defecto de cartílago) las opciones de tratamiento son la utilización de Células Madre Mesenquimales (MSCs) obtenidas de la grasa o de la médula ósea cuando hay un gran deterioro articular, y/o la utilización de plasma rico en plaquetas (PRP) a nivel intrarticular o intraoseo. Además para conseguir la estabilización de la artiuclación los ligamentos deben tratarse con Proloterapia.

En una articulación inestable y con lesión ligamentosa las opciones son la utilización del plasma rico en plaquetas (PRP) y/o la Proloterapia, a valoración de la distensión o lesión del ligamento.

En una articulación inestable y con lesión meniscal el tratamiento que se indica es la utilización de PRP a nivel intrameniscal, en el caso de existir una rotura estable del menisco, y una estabilización de los ligamentos coronarios que son los que contienen el menisco.

En definitiva un concepto amplio de tratamiento en el que pretendemos tratar las lesiones existentes de la articulación y preservar en las mejores condiciones la misma.

Escala Hallback para la artrosis

La artrosis consiste en la degeneración de las articulaciones y en el deterioro de las estructuras intrarticulares sobre todo del cartílago. Las articulaciones que más frecuentemente sufren artrosis son la rodilla, la cadera, los dedos de las manos y la columna lumbar.

Las causas de la artrosis pueden ser diversas. Entre las más comunes están los traumatismos previos, las enfermedades inflamatorias crónicas tipo artritis, las inestabilidades ligamentosas, las cirugías previas (en la rodilla, cirugía de meniscos) y el sobreuso de la articulación (aumento de peso, cargas de grandes pesos, actividades repetitivas).

¿Cómo valoramos la artrosis de rodilla?

La artrosis en la rodilla se puede valorar de dos formas, ambas igual de importantes: de forma subjetiva y de forma objetiva.

Valoración Subjetiva

  • Dolor
  • Rigidez
  • Inflamación
  • Crujidos y chasquidos
  • Dolor al caminar

Valoración Objetiva

  • Limitación movilidad
  • Desalineación articular
  • Radiografía
  • Resonancia magnética

 

Cuando oímos hablar de los grados de desgaste de la rodilla, dichos grados corresponden a la cantidad de desgaste de la articulación medidas de forma objetiva mediante una escala de valoración.

Generalmente la escala de valoración que con más frecuencia se utiliza en valoraciones y en estudios científicos es la Escala de Valoración de la artrosis de Ahlback.

Cuando oímos hablar de los grados de desgaste de la rodilla, dichos grados corresponden a la cantidad de desgaste de la articulación medidas de forma objetiva mediante una escala de valoración.

Una de las escalas de valoración que con más frecuencia se utiliza en las valoraciones y en estudios científicos es la Escala de Valoración de la artrosis de Ahlbäck.

Dicha escala se basa en una medición radiológica del espacio femoro-tibial. Es importante que la radiografía que se utilice para su medición sea en bipedestación, es decir, que el paciente cargue todo su peso sobre ambas extremidades para valorar el espacio real femoro-tibial.

La escala de valoración de Ahlbäck se divide en 4 grados principalmente:

Grado I

Disminución de menos del 50% del espacio entre el fémur y la tibia femoro-tibial

Grado II

Disminución de entre el 50- 100% del espacio femoro-tibial

Grado III

Hueso contra hueso y la cúpula es menor de 5 mm

Grado IV

Hueso contra hueso y la cúpula es mayor de 5 mm

Pero no siempre existe relación directa de la valoración subjetiva que nos aporta el paciente con la valoración objetiva, es decir, un paciente puede tener un grado de artrosis avanzado (grado III o IV) pero encontrarse sin grandes dolores y viceversa.

Por lo tanto, es esencial tanto para el diagnóstico como para el plan de tratamiento de un paciente el poder tener todos los datos subjetivos que aporta el paciente, la exploración médica y la medición radiológica del estrechamiento del espacio articular.

Tanto el grado de valoración de la artrosis mediante la escala de Ahlbäck como la valoración subjetiva y exploración del paciente orientará al traumatólogo en la indicación del tratamiento de la artrosis.