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¿Por qué sigo con dolor después una cirugía de artroscopia de menisco?

Los meniscos son estructuras que tenemos en  el interior de la rodilla y que tienen la función principal de amortiguación. Tenemos dos meniscos, el interno y el externo, que hacen que las superficies de la tibia y el fémur no estén en contacto directo.

Anatomía de la rodilla

Causa 1: Cambio de la distribución de cargas cuando se lesiona un menisco

Cuando tenemos una lesión en un menisco la capacidad de amortiguación del mismo se ve afectada, de tal forma que el cartílago que recubre el fémur y la tibia debe de soportar mayor presión. Si el trabajo que sobrecarga al cartílago se mantiene en el tiempo hace que se dañe y que produzca dolor.

Al realizar una artroscopia para realizar un recorte del menisco o meniscectomía parcial, el resultado final es la diminución de superficie de amortiguación y por tanto mayor carga para el cartílago articular y todo ello puede llevar a un aumento de dolor en la articulación.

Causa 2: Inestabilidad secundaria a la lesión meniscal

Cuando se lesiona un menisco y se realiza una intervención para el recorte del mismo se produce una disminución del espacio intrarticular entre el fémur y la tibia provocando una mayor holgura en la articulación. Esta holgura provoca un “traqueteo” repetido en la rodilla lesionada que provoca dolor y que se manifiesta al realizar actividades de impacto, caminar o incluso realizar vida normal.

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El dolor articular es una señal de alarma de nuestro cuerpo que nos advierte de la existencia de una amenaza o alteración musculoesquelética o nerviosa en nuestro organismo. En muchas ocasiones el dolor articular va acompañado de la inflamación.

 

¿Cuales son las causas del dolor articular?

Las principales causa de dolor son:

  • Deterioro de superficie articular o estructuras intrarticulares. Las articulaciones están recubiertas de cartílago. El cartílago en ocasiones sufre lesiones o simplemente un deterioro progresivo por el uso. Los principales síntomas son dolor e inflamación articular, y en casos más avanzados, como la artrosis, se caracteriza por un dolor en el comienzo de la marcha o al incorporarse o inciar el movimiento.

 

  • Fracturas o lesiones óseas. Las fracturas que se producen en articulaciones pueden tener origen traumático (tras una caída) o por sobreuso. Cuando hablamos de lesiones óseas por sobreuso la lesión que se produce en el hueso por exceso de carga son pequeñas fracturas  que no se aprecian en radiografías pero producen dolor intenso al realizar ejercicio de caminar o bajar escaleras.  En ocasiones la lesión en el hueso es producida por una falta de vascularización (necrosis), lo asemejamos a una caries en el diente, la cual no tiene riego sanguíneo y se deteriora provocando dolor intenso incluso en reposo y de aparición espontánea.

 

  • Inestabilidades articulares. Son lesiones crónicas de los ligamentos, los cuales sufrieron una lesión hace tiempo que les hizo cicatrizar elongados, y eso como consecuencia produce un “traqueteo” en la articulación que tras meses de la lesión, se manifiesta con un dolor de inicio insidioso y acumulativo, característico tras realizar una actividad mayor a la habitual.

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La rodilla es una articulación tipo bisagra, es decir,  se trata de una articulación con movimientos unidereccionales que alcanzan un rango de movimiento desde 0º hasta 140º.

Las estructuras estabilizadoras articulares por excelencia son los ligamentos. Los ligamentos están compuestos principalmente por una sustancia proteica que es el colágeno.

Las fibras de colágeno tiene una alta capacidad de elasticidad y resistencia que aportan a la articulación una movilidad simétrica, evitando así que existan un rango mayor de movimiento.

Los ligamentos principales de la rodilla son:

  • Ligamento colateral medial o ligamento lateral interno (LLI)
  • Ligamento colateral lateral o ligamento lateral externo (LLE)
  • Ligamento cruzado anterior (LCA)
  • Ligamento cruzado posterior (LCP)
  • Ligamento femoro-patelar medial (LFPM)

Cuando se produce una lesión de los ligamentos de la rodilla se produce una inestabilidad articular. La inestabilidad de rodilla puede diferenciarse principalmente como:

  • Inestabilidad aguda. Habitualmente no tiene más de 8-12 semanas de evolución. Está provocada por un traumatismo o torsión que provoca una lesión ligamentosa, habitualmente una rotura parcial o completa del ligamento. en este apartado incluiríamos los esguinces de rodilla, que son nada más y nada menos que distensiones agudas de los ligamentos.
  • Inestabilidad crónica. Generalmente tiene entre 3 meses y años de evolución. Está provocada por una lesión aguda antigua mal cicatrizada, o por un déficit estructural como puede ser una perdida de menisco o cartílago articular.

 

Las causas de la inestabilidad crónica pueden ser de diferente origen. Los más habituales que encontramos son:

  • Meniscectomía parcial o total. Son aquellos casos en los que hace años se realizó una cirugía de recorte del menisco y tras la reducción del amortiguador natural de la rodilla (el menisco) se produce una disminución del espacio articular lo que provoca una insuficiente tensión del ligamento colateral.
  • Artrosis. Cuando existe una degeneración articular o artrosis de rodilla, el espacio intrarticular disminuye por el desgaste del cartílago y los meniscos, provocando igualmente una insuficiente tensión del ligamento colateral.
  • Traumatismo antiguo en el que se lesionaron los ligamentos, produciendo una distensión y cicatrizando más elongados. En el momento del traumatismo agudo no hubo dolor ni sensación de inestabilidad, pero con el paso del tiempo esa inestabilidad se transforma en dolor crónico insidioso.
  • Luxación o subluxación rotuliana. Cuando existe un episodio de luxación o subluxación rotuliana el ligamento que contiene la rótula centrada y estable se lesiona. Este ligamento es el ligamento femoro-patelar medial, en ocasiones queda elongado o roto parcialmente favoreciendo los nuevos episodios de luxación u subluxación.

 

La sintomatología habitual en la inestabilidad crónica de rodilla son:

  • Dolor de comienzo insidioso sin antecedente traumático ni mal gesto.
  • Sobrecarga articular tras la realización de una actividad física exigente.
  • Inflamación tras actividad física intesa.
  • En los casos más avanzados, sensación de fallo o inseguridad articular.

El dolor crónico de rodilla puede esconder una inestabilidad crónica ligamentosa de base.

Una inestabilidad crónica de rodilla puede conllevar a un mayor movimiento y golpeo anormal de la articulación de la rodilla, provocando daños en el cartílago, meniscos y resto de la articulación desencadenando una artrosis incipiente.

La inestabilidad crónica de rodilla está presente en el 90% de los casos de artrosis de rodilla.

El ejemplo más fácil de inestabilidad crónica de es aquel coche en el que la rueda se encuentra sin atornillar completamente. Esta rueda va a traquetear más de lo establecido provocando un deterioro y desgaste del caucho de la rueda (nuestro cartílago) y deteriorando los amortiguadores (nuestros meniscos) provocando que necesitemos realizar un cambio de rueda de forma más temprana (la colocación de una prótesis articular).

 

 

En muchas ocasiones la inestabilidad crónica de rodilla es obviado por muchos profesionales siendo la causa principal y desencadenante de otros problemas articulares.

Es importante un correcto diagnóstico mediante exploración física, y pruebas complementarias si fuera necesario, por un traumatólogo especializado en ello.

El tratamiento para la estabilización articular consiste en la retracción de los ligamentos dañados mediante la PROLOTERAPIA.

La proloterapia actúa mediante la inyección de una sustancia proliferante llamada dextrosa en el ligamento y en las uniones al hueso o entesis. Esta sustancia inyectada provoca una inflamación localizada y activa la llamada cascada de la inflamación atrayendo células regeneradoras de tejido y generando colágeno en las estructuras dañadas.

Es un procedimiento que se realiza en sesiones de ente 3 a 6 sesiones, mediante anestesia local, en diversos puntos y recorridos de los ligamentos dañados. Se trata de un tratamiento mínimamente invasivo y de forma ambulatoria.

El tratamiento siempre debe hacerse conjunto de toda la articulación, realizando una valoración previa de las lesiones ligamentosas y de otras estructuras como meniscos, cartílago o hueso.

En primer lugar se debe valorar la estabilidad articular, y establecer las lesiones existentes: artrosis o lesión osteocondral; lesión ligamentosa ; y/o lesión meniscal.

Tras el diagnóstico de las lesiones se procede a establecer un tratamiento conservador a través de la medicina regenerativa.

En una artiuclación inestable y con artrosis o lesión osteocondral (defecto de cartílago) las opciones de tratamiento son la utilización de Células Madre Mesenquimales (MSCs) obtenidas de la grasa o de la médula ósea cuando hay un gran deterioro articular, y/o la utilización de plasma rico en plaquetas (PRP) a nivel intrarticular o intraoseo. Además para conseguir la estabilización de la artiuclación los ligamentos deben tratarse con Proloterapia.

En una articulación inestable y con lesión ligamentosa las opciones son la utilización del plasma rico en plaquetas (PRP) y/o la Proloterapia, a valoración de la distensión o lesión del ligamento.

En una articulación inestable y con lesión meniscal el tratamiento que se indica es la utilización de PRP a nivel intrameniscal, en el caso de existir una rotura estable del menisco, y una estabilización de los ligamentos coronarios que son los que contienen el menisco.

En definitiva un concepto amplio de tratamiento en el que pretendemos tratar las lesiones existentes de la articulación y preservar en las mejores condiciones la misma.