COMO RECUPERARSE DE UN ESGUINCE DE TOBILLO Y GANAR ESTABILIDAD EN LA ZONA

El esguince de tobillo es una de las lesiones más frecuentes entre los corredores. De hecho, se trata de un matrimonio para nada bien avenido. Y es que la mayoría de los corredores de asfalto y también de montaña han padecido alguna vez en su vida una lesión de este tipo. Analizaremos esta lesión y, sobre todo, cómo podemos dar más estabilidad a un tobillo dañado.

El esguince de tobillo se produce generalmente por un movimiento de torsión en inversión (hacia dentro) del pie-tobillo. Se estima que, en la población general, esta lesión la sufre una de cada 10.000 personas al día.

En el caso de los runners, salir a correr por terrenos inestables o con obstáculos, así como por el monte, multiplica esta estadística. La razón es sencilla. Una raíz, una piedra, un elemento inesperado en el camino, seguido de una mala pisada o de un salto, puede provocar, con facilidad, que nos doblemos el tobillo y –en el peor de los casos- nos produzcamos un esguince.

Existen diferentes grados y niveles, pero podemos establecer entre ellos un denominador común igual de importante en todos los casos: tras sufrir un esguince, es esencial cómo procedamos las primeras horas posteriores a esta lesión caracterizada por la distensión o rotura parcial de los ligamentos de la articulación o la cápsula articular.

LOS LIGAMENTOS QUE SE LESIONAN CON MÁS FRECUENCIA

Los ligamentos que rodean la articulación del tobillo aportan una correcta estabilidad o “sujeción” articular, favoreciendo un movimiento lineal de la articulación y evitando una inestabilidad que produciría, a largo plazo, daños en la articulación afectada. De aquí la importancia de prestar atención a una lesión de este tipo. ¿Quién no ha sufrido alguna vez un esguince de tobillo? Y es que el tobillo es la articulación que con más frecuencia se torsiona o sufre un esguince.

Y dentro de esta lesión, los principales ligamentos que se lesionan son los de la cara lateral del tobillo: ligamento peroneo-astragalino anterior (LPAA), el ligamento peroneo-calcaneo (LPC) y el ligamento peroneo-astragalino posterior (LPAP). Con el mecanismo de inversión de lesión de tobillo, el LPAA es el primero en lesionarse y, frecuentemente, el único. Si el mecanismo lesional continúa, puede ocasionar la lesión del LPC y finalmente del LPAP. En la cara medial (interna) del tobillo nos encontramos, principalmente, con el ligamento deltoideo. La incidencia de la lesión del ligamento deltoideo varía entre el 40% y el 72% de los pacientes con una inestabilidad lateral crónica previa.

¿QUÉ TIPOS DE ESGUINCES AGUDOS EXISTEN?

Dentro de la clasificación de esguinces de tobillo, existen una serie de niveles de gravedad en  función del daño causado a la estructura ligamentosa. Teniendo en cuenta esto, podemos llegar a clasificarlos en 3 grados diferentes, en función de su gravedad.

  • Grado I: es una lesión moderada, caracterizada por un daño estructural a nivel microscópico, con escaso dolor local
  • Grado II: consiste en un desgarro parcial. Éste se corresponde con una lesión moderada en la que se suele producir dolor manifiesto y edema visible, pero sin compromiso de la estabilidad articular
  • Grado III: es el peor de los casos. Ocasionan una rotura completa del ligamento, provocando un edema importante e inestabilidad en la articulación

¿POR QUÉ SIEMPRE ME LESIONO, CON FRECUENCIA, EN EL MISMO TOBILLO?

Una vez más, seguro que os sentís identificados con este corredor que está en esta sala imaginaria que ha sufrido ya varios esguinces de tobillo y casi siempre en la misma pierna. Y, es que tras una torsión de tobillo, los ligamentos no vuelven a tener la misma tensión inicial, y por lo tanto, son más susceptibles de sufrir esguinces de repetición. Por este motivo, atentos, es importante tratar este tipo de lesiones de forma correcta, con un proceso minucioso e individualizado para cada paciente. Hay que tener en cuenta que esta lesión previa, a parte de ser un factor de riesgo para futuras lesiones, si la curamos de forma inadecuada, con un mal proceso de recuperación, podría acarrearnos una inestabilidad crónica en el tobillo. Un extremo que deseamos evitar a toda costa.

Hasta el 20% de los esguinces de tobillo pueden cronificarse produciendo inestabilidad en el tobillo, además de dolor y los más que conocidos esguinces de repetición. Este desequilibrio crónico es debido a la falta de una correcta función del ligamento lateral del tobillo, habitualmente de sus fascículos peroneoastragalino anterior (LPAA) y peroneocalcáneo (LPC). En este sentido, la sintomatología habitual suele debutar con dolor, sensación de fallo o poca sujeción en la articulación lesionada e inflamación local en la zona. En ocasiones, además, se manifiesta como una sobrecarga e inflamación posterior a un esfuerzo o actividad deportiva.

¿CÓMO PODEMOS TRATAR LA INESTABILIDAD CRÓNICA DEL TOBILLO?

Conociendo estos síntomas, hay que estar sobre aviso, ya que aquella persona que sufre esguinces de repetición, incluso con mínimos esfuerzos, tiene una alta probabilidad de inestabilidad crónica de tobillo. Y una inestabilidad crónica de tobillo con el paso del tiempo y debido a la actividad diaria a la que sometemos a nuestras extremidades inferiores provoca la aparición de alteraciones óseas, alteraciones del cartílago articular e incluso la aparición de artrosis. De ahí la importancia de ponerle remedio, pero ¿cómo podemos tratar la inestabilidad crónica en esta zona de nuestro organismo? Existe un amplio abanico de posibilidades de tratamiento, desde el tratamiento conservador hasta la cirugía reparadora con plastia ligamentosa. Eso sí, el tratamiento más habitual debería incluir:

  • Recuperar el rango de movimiento normal de la articulación
  • Fortalecer la musculatura peroneal para que permita una respuesta rápida en el momento en que se produce una situación que puede conducir a una entorsis (torsión) del tobillo. Esto se consigue mediante ejercicios contra resistencia en eversión (separación hacia fuera) del tobillo
  • Realizar ejercicios de estiramiento de los gastrocnemios que faciliten una posición del tobillo natural, impidiendo la fase de supinación del pie durante la marcha, la cual se produce cuando estos músculos están acortados y tensos
  • Restaurar la propiocepción del tobillo y el pie en general

En la mayoría de los casos, seguir esta serie de pautas es más que suficiente para evitar, a toda costa, llegar al peor de los escenarios posibles: una cirugía reparadora de ligamentos del tobillo. En ITRAMED, utilizamos el tratamiento con inyecciones de dextrosa para recuperar la estabilidad ligamentaria de la articulación, mediante una técnica llamada proloterapia. La experiencia nos dice que la proloterapia es una opción eficaz para recuperar la estabilidad ligamentosa de nuestro tobillo.

PROLOTERAPIA, UN REMEDIO MÁS QUE EFICAZ

La utilización de dextrosa inyectada en los ligamentos laxos, mal cicatrizados o parcialmente lesionados, produce un proceso de inflamación en dichas estructuras y favorece una reacción celular (fibroblastos, células endoteliales, miofibroblastos) que forman nuevos vasos sanguíneos y finalmente van depositando colágeno. Este refuerzo de colágeno en la zona afectada “favorece una remodelación estructural de los ligamentos, recuperando su capacidad de sostén al conseguir retensarlos. Después de todo este proceso de inflamación, proliferación y remodelación, el nuevo tejido tiene un aspecto y una función similar al original. Por esta razón, una vez terminado el tratamiento (unas 3 sesiones), no es necesario realizar el tratamiento de forma repetida en el tiempo, ya que el tratamiento consigue recuperar las estructuras de tal forma que funcionen con normalidad.